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martes, enero 26, 2010

Glimpse

-Creo que puedo resumirlo.
-Dime.

-Esto es una instantánea y nosotros vivimos en ella.

Ella no respondía. Con los ojos entrecerrados se dejaba llevar por construcciones aleatorias, amodorrada y receptiva a la vez.


-No has pensado alguna vez, que quizá al final de todo nos concedan visitar nuestros recuerdos? los que queramos. Y entonces regresas por un rato a momentos como este....

-Sería lindo.

-¿Y si lo hicieras indefinidamente, no sería algo cercano a la inmortalidad? vivir de nuevo todo aquello, por siempre.

-Sería una forma. Como ir al cielo.

-Y si uno de nosotros está visitando sus recuerdos y no somos sino imágenes de algo que tal vez llamamos nosotros, en algún tiempo ...en la mente de quien estamos? ¿la tuya o la mía?

-No me molestaría, ¿a ti si?

-Mucho. Querría decir que nosotros no somos los autores de esta instantánea.

El contorno amarillento, que le recordaba al resplandor de un incendio por la noche, era el complemento ideal para la trompeta aguardentosa que irrumpió en medio de ellos para llevárselos modorramente a alguna otra parte.

lunes, julio 27, 2009

No soy el más indicado para hablar de eso.

Tendemos a darles más importancia de la que tienen aquellos afectos que no podemos exhibir ante los ojos de los demás. Nos ocultamos tras miradas distraídas. Procuramos no inmutarnos cuando decimos sus nombres. Los volvemos un secreto y por ello necesitamos de algún cómplice, alguien que entienda o al menos asienta y nos escuche pacientemente mientras balbuceamos explicaciones que nadie necesita.

Ese es el problema con el cariño que tú me tienes. Es imposible. Se rompe en el momento en que lo toco.

Pero al menos ese cariño que no puedes darme es solo mío. No necesitas ofrecerlo a otros, esperando que les quede mejor que a mí, como si fuera un suéter y le pusieras ese suéter peludo a cada uno de ellos. No buscas el gran amor en cada esquina. No vas por la vida entregando el mismo amor, el mismo suéter, a uno y a otro, esperando que alguno termine con tu búsqueda. De esa manera sólo llorarás por un hombre en tu vida y no por cada uno que pierdas, como ella, que se ha perdido en la angustia.

Pero no soy el más indicado para hablar de eso.




domingo, diciembre 21, 2008

Llamas a mí



En esta última semana han pasado cosas bien raras, desde eventos que parecen salidos directamente de La Mano Peluda mezclada con una peli de terror taka taka, hasta ser testigo privilegiado de lo que sucede cuando no conectan bien sus tanques de gas, llamarada, estampida y todo incluido.

"Si no se hubieran besado, les tocaba el flamazo"


¡Chido!




Mientras, nos ponemos al tú por tú con los días sin IVA , los meses sin intereses y los monederos electrónicos. De que se está poniendo serio el desmadre, se está poniendo serio.

Venga, pues.




martes, noviembre 25, 2008

No hay fórmulas para matar a un hombre.

Para un sufrimiento cualquiera, el número de respuestas posibles es igual al tamaño de la muestra.
 


Hoy nos ponemos serios. La ocasión lo amerita dado el suceso del que me han dado noticia. No sé como te sientes, pero trato de entenderlo. Creo que podemos hablar de los dolores que no se quitan con analgésicos. Venga de ahí.

Parálisis, indiferencia, rabia, desolación, huir, negarlo... casi todos hemos enfrentado (o dejado de enfrentar) algún dolor de una , varias o una mezcla de esas formas.


A veces tendemos a simplificar idiotamente las cosas. A veces creemos que el sufrir es una cosa innecesaria y que debe ser evitada a toda costa. Otros identifican el absurdo de ver el sufrimiento como una forma de redimirse ante algo, o alguien, pero no ven el absurdo que es pretender ignorar la existencia del sufrimiento. Una cosa es que sepamos que no nos ganamos el cielo ni que el que sufre es necesariamente bueno y merece nuestra empatía y otra cosa muy distinta es que creamos que no sufrimos para nada.

Tarde o temprano llega el momento de enfrentarnos a el sufrimiento. Como cuando el peso de la cotidianeidad te ahoga, o te amenazan con despedirte de tu trabajo, o te descubres infeliz (como si uno se volviera infeliz de la noche a la mañana) o se pierde tu mascota peluchín, o presentas un problema crónico de salud y eres finalmente diagnosticado. Entendamos que casi cualquier anormalidad puede constituirse en un dolor. Sea cual sea el tamaño de éste, se presenta como algo súbito a los ojos de quien lo padece y se ve forzado a enfrentarlo (todo fue tan rápido, enfermó de la noche a la mañana, no dio tiempo de nada, cuando me di cuenta ya estaba metido hasta el culo).

El dolor puede ser indignidad, accidente, asesinato, traición, fracaso, aborto, amputación... you name it. Pero para ser dolor y provocar sufrimiento no necesita ser tan trágico ni tan demoledor. Para disparar nuestro sistema de respuesta y revelarnos tal cuales somos basta con muy poco (de nuevo, la cotidianeidad, la búsqueda de status, de aceptación, los fracasos emocionales, la disfuncionalidad en las relaciones interpersonales, la sensación de pérdida, el ocultar un vacío que nos negamos a aceptar, etc etc).

Estas formas de reaccionar y de enfrentar al sufrimiento son producto del aprendizaje puro: de lo que nos ha funcionado y lo que no. Que nos funcione no implica que sea la forma más sana y que no nos funcione no significa que sea la peor. Todo depende del grado de control que queramos creer que tenemos sobre nuestro propio sufrimiento, el cual es , por supuesto, junto con todo el conjunto de externalidades que asumimos como parte de nuestra identidad, una ilusión. La generalidad no elige sus respuestas, simplemente responde. Magis aguntur quam agunt. Como los animales.

¿Que si acaso el preferir un sufrimiento por otro no implica una decisión (eliges)? No lo niego, pero eso no te hace menos animal. Por supuesto que preferimos algunos dolores sobre otros. Sin embargo creer que siempre podremos elegir nuestro veneno no hace sino generar una vulnerabilidad aún mayor ante el impacto de lo súbito, de lo impostergable.

Les dejo esta ondita muy interesante acerca de las actitudes ante el sufrimiento, según Maza (no me lo discriminen nadamás los dickheads). Cada quien mire en su espejo, acaso:

 
 


·La amargura. Los que se amargan se vuelven malignos, odian, hieren, tienen rabia, se desesperan. Surge la desconfianza. Ya no confían, ya no esperan, ya no creen, ya no aman. En el fondo les queda el vacío.


·Una segunda actitud es la de aquellos que se deshacen ante el sufrimiento. Pierden la voluntad de vivir, la fuerza, la capacidad de actuar. Se invalidan, se aplanan, se vuelven indiferentes. Les invade el cansancio de vivir. Ya no les importa si vienen nuevos golpes, los esperan, cuentan con ellos. Ya no se alteran ni se interesan por nada. De todos modos, lo que venga ha de venir. No hay odio ni amargura. Eso implicaría que les queda fuerza, resistencia. Pero ya no tienen oposición ni asombro, sólo el miedo instintivo al nuevo golpe y a su vida que se deshace. Se protegen en la inactividad y soportan su martirio como si el sufrimiento tuviera la virtud de alargarse por sí mismo. Ni reaccionan por dentro ni reflexionan sobre el dolor.

Ni se vuelven mejores ni se vuelven peores, ni más grandes ni más pequeños. Simplemente se adormecen. Se les amortigua la luz. Mueren antes de morir. La apatía, por supuesto, no siempre es total. Ti e n e grados, según la persona. El sufrimiento no siempre tritura del todo. A veces sólo marchita. Dondequiera que hay dolor, hay gente que se quiebra y que se pasiviza.

·Otra forma de habérselas con el sufrimiento es huir de él, esconderlo donde no se vea, rodearse de murallas internas para que no hiera, caer en algún tipo de psicopatología que proteja la huida, que evite enfrentarse y luchar. El miedo a sufrir y la fuga.

·Una cuarta manera de responder al sufrimiento es la pequeñez. No es raro encontrar este efecto del dolor en el hombre. Se empequeñece y empieza a dar vueltas sobre sí mismo. Vive para su pena y se la impone a los demás. Lleva su corazón en una bandeja para llorar sobre él y despertar compasión y lástima. Se vuelve quisquilloso y mezquino. Exige ser el centro y pide ser mimado. Ya no emprende, ya no arriesga, por miedo de perder y de sufrir. Gira sobre su pequeñez y no tolera que los demás sean grandes. Condena el amor porque ya no lo tiene. Le molesta la alegría porque ya la perdió. Mide sus sufrimientos con los ajenos para probar que sufre más.

·Pero se da también la actitud opuesta a todas estas de los que crecen con el sufrimiento y aumentan su fuerza interior. Sufren como los demás, y se rebelan ante el dolor, pero finalmente no queda en ellos nada amargo, nada odioso, nada mezquino. Todo se reabsorbe en un nuevo impulso de vida. Su dolor engendró vida. Se enfrentan, se recuperan, maduran. Cuando se reacciona así ante el sufrimiento, se adquiere hondura, vigor, afán de vivir y de comprender. Se le abre una nueva visión de la vida, más honda, más comprensiva, más humilde y más auténtica. Adquiere un contacto más estrecho y más luminoso con el misterio de la vida y con el sufrimiento de los demás y engrandece las vidas que toca. El dolor se vuelve fuente de humanidad, de equilibrio y de sabiduría. El dolor es una puerta hacia algo más grande y más bello, un reto que impulsa a la superación. Así, por la vía práctica, se resuelve el enigma del sufrimiento. Ya no se pregunta por qué. Simplemente se lucha, se remedia y se eleva. Es la virtud del sufrimiento: arranca la máscara. Ante el dolor, cada hombre se revela como realmente es. El dolor lo desnuda y descubre sus profundidades. Permite penetrar en lo íntimo de las personas. Hace surgir nuevas posibilidades. Allí, cada uno da su medida y demuestra su calidad. El sufrimiento no permite esconder lo que uno es por dentro, los valores que vive, la clase de hombre que es. Por eso el sufrimiento es juez de los hombres. Su juicio es inevitable, porque es parte de la vida humana y revela lo que cada quien es, lo que ha hecho de sí mismo, lo que ha hecho de los demás. El sufrimiento nos hace la última pregunta sobre nosotros mismos. La respuesta es nuestra propia sentencia, como hombres y como sociedad. Las palabras del sufrimiento son siempre las últimas.


Me he hecho el firme propósito de recuperar volver a comprar ese libro.

Y decías que no te hacía caso, doctora.

Retazo de un borrador que no viene al caso:

"Se es mejor persona en la profunda libertad de conciencia y en la certera opción de vida que se asume". Pero de a de veras, no se quieran poner trajes que no les quedan. y si se quieren hacer pendejos solitos, allá ustedes y sus varitas mágicas.

viernes, noviembre 14, 2008

Osha y Almendra


Recuerdo caminar y caminar. Salir de la escuela y apurarme para llegar al metro chilpancingo. Caminábamos por insurgentes hasta la gasolinería. De ahí, inevitablemente al Parque México. Hasta las 10, 11 de la noche. ¿Qué hacíamos tanto tiempo? Aparte de mirar los edificios y elegir en el que te gustaría vivir, cómo lo decorarías. si tendríamos perro o no, si todavía rondaría el camioncito a propulsión humana que le daba vueltas al parque. Eres tan esto,tan lo otro, Osha, decías.

Recuerdo a Cliseria. Joder, recuerdo que ese no era el nombre que usaba. Era bien noche ya y se estaba gritoneando con alguien afuera de un restaurante. Nos abordó directamente y ofreció leernos la mano. No cobró un peso. Tú dijiste que estaba hasta el pito de coca. Recuerdo las cosas que nos dijo. En ese momento nos gustó. Despúes .... bueno.


Encantamiento mutuo. Dependencia loca.


Que se jodan. Esa era la actitud. El mensaje que teníamos para el resto. Para los tuyos y para los míos. Las ideas de lo correcto, las moralinas rancias. Todo se podía ir directito al carajo. Era fácil entonces juzgar a quien fuera, desmenuzar personalidades, motivos. Lo nuestro entonces era la severidad.

Con razón era de mis poemas favoritos:





os condeno a cagar de mañana y de noche
leyendo periódicos atrasados y novelas amargas,
os
condeno a cagar arrepentimiento y melancolía
y suaves atardeceres amarillos.


os condeno a cagar en corset y en camisa
en vuestras casas llenas de bicicletas y canarios,
con vuestras posaderas azules y calientes
y vuestros lamentables corazones a plazo.


de un mundo hundido salen cosas siniestras:
aparatos mecánicos y perros sin hocico,
embajadores gordos como rosas,
cigarrerías negras y cines averiados.
yo os condeno a la noche de los dormitorios
interrumpida apenas por irrigadores y por sueños,
sueños como eucaliptus de mil hojas
y raíces mojadas en orines y espuma.


no me dejéis tocar vuestras aguas sedentarias
ni vuestras reclamaciones intestinales, ni vuestras religiones,
ni vuestras fotografías prematuramente colgadas:
porque yo tengo llamas en los dedos,
y lágrimas de desventura en el corazón,
y amapolas moribundas anidan en mi boca
como depósitos de sangre infranqueable.


y odio vuestras abuelas y vuestras moscas,
odio vuestras comidas y vuestros sueños,
y vuestros poetas que escriben sobre "la dulce esposa",
y "las felicidades de la aldea":
en verdad merecéis vuestros poetas y vuestros pianos
y vuestros desagradables enredos a cuatro piernas.


dejadme solo con mi sangre pura,
con mis dedos y mi alma,
y mis sollozos solos, oscuros como túneles.
dejadme el reino de las largas olas.
dejadme un buque verde y un espejo.





Fue delirante. Un paseo maravilloso. Fue creer que éramos labios montados en bocas hechas por la misma mano . Fueron los siempres. Eras alcatraz, Almendra, tren y lluvia. Joder, que ojalá se pudiera eso de postergar los encuentros, el conocer a ciertas personas unos cuantos años. Para no estar tan pendeja, dijiste. Porque eras tú, dijiste.

But we both know that's not true. Siempre puede ser cualquiera. Quien nosotros elijamos creer que lo es. Lo demás es pensamiento mágico. Son florecitas y márgenes con color. Lo que vivimos y nos dijimos se hizo en el tiempo justo. Apenas rozando la mayoría de edad. Hacerlo y decirlo a estas alturas me resultaría patético.

A tí te debo liberarme de la mitología del amor. Del ridículo concepto de soulmate como depositario inevitable del amor. Me enseñé a mentir y mentí terriblemente. Me enseñe a equivocarme terriblemente y disfrutarlo. Entendí cómo funciona el campo de juegos y lo atractivo que resulta para esas needy needy needy girls. Me aburrí. Rompí y pronto tuve una colección. Trofeos emocionales les llamaba. Incondicionales, serviles hasta cierto punto. Quiero profundamente a la que te dió asilo. Podría decir que la amo, pero eso en este momento me parece fuera de toda proporción. Hasta con eso.

Como sabes, también he elegido. Hace cuanto lo sabes? un año? dos? tres? Lo perfecto está en lo simple, recuerdas? No hablo del simplismo idiota de algunos. Entendemos que se trata de las cosas sencillas que nos enternecen. De esos defectos que nos desarman porque no hacen ningún esfuerzo por ocultarlos. Cosa muy diferente a sobregesticulaciones y frasecillas de a varo repetidas. Me gusta que no sea un rompecabezas de dos piezas. Me gusta que no tenga esa angustia por decir babosada y media a la menor provocación con tal de tenerme contento. Me gusta que no tiene la menor intención de ponerse de tapete. Me reta, me mueve. No me invita a ponerme gordo con ella tragando plácidamente porquerías y etcétera etcétera. Al contrario, sus defectos lo vuelven todo más rico.

Sus cualidades creo que ya las sabes.

Está dispuesta a romperse la madre conmigo, no porque se le ocurrió, ni porque haya querido ver señales a las de a huevo. No viene huyendo de nada. No tiene nada que sepultar y poner bajo nuestros pies. Es libre. No nenemos prisa. No necesitabamos esto. No nos necesitamos en absoluto y eso es endemoniadamente genial. No tenemos esa vena exhibicionista. Solo tenemos certeza. Lo sé porque tú, hace mucho, me pintaste un cuadro de ella para que pudiera reconocerla.


Saludos a Atenea, que es mi favorita.